¿Para qué sirve la tiroides?

Probablemente es una de las glándulas que tenemos más presentes, se habla de ella con frecuencia y no es raro conocer alguien que toma hormonas tiroideas porque no funciona adecuadamente. Pero, ¿cómo funciona?

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La tiroides se localiza en la parte baja del cuello, en los hombres es más fácil localizarla ya que se halla justo debajo de la manzana de Adán, se extiende hacia el esternón y su forma recuerda a la de una mariposa cuyas alas se extienden a los lados del cuello. Su función es producir hormonas que contienen yodo y cuya acción es necesaria para incrementar el metabolismo y el consumo de energía en todo el cuerpo. Un ejemplo de la forma en la que funciona es cuando nos exponemos al frío de forma frecuente por el cambio de estación; tras registrar una temperatura baja, el cuerpo aumenta la producción de hormonas tiroideas para aumentar el consumo de energía, la generación de calor y adaptarnos al ambiente. Pero no se limita al calor, su papel en el metabolismo es más complejo; interviene a muchos niveles para la función, maduración y división de prácticamente todo tipo de células. Desde la piel hasta las neuronas, todos los tejidos del cuerpo necesitan hormonas tiroideas para funcionar adecuadamente.

Folículo tiroideo

Los dos tipos principales de hormonas tiroideas son tiroxina y triyodotironina, fácilmente abreviadas T4 y T3 por la cantidad de átomos de yodo que contienen. Ambas son producidas en la tiroides en respuesta a una señal que proviene de la porción anterior de la hipófisis, la gran glándula reguladora del cuerpo, aunque la tiroxina (T4) es mucho más abundante. Ante un estímulo como el frío, por ejemplo, la hipófisis produce Hormona Estimulante de la Tiroides (TSH por sus siglas en inglés) que se libera en la sangre y circula hasta llegar a la tiroides, donde provoca que se liberen T3 y T4, que a su vez circularán a todo el cuerpo para activar a las células. Estas mismas hormonas regresarán a la hipófisis, donde disminuirán la producción de TSH, de forma que la producción de esta hormona se regula a si misma y se cierra el ciclo.

¿Qué puede pasarle a la tiroides? Pueden suceder muchas cosas con esta glándula tan importante, pero se clasifican fácilmente en dos grandes ramas: Hipotiroidismo cuando funciona menos, e hipertiroidismo cuando funciona en exceso. Aunque existen problemas derivados de la función anómala de la hipófisis, la gran mayoría de alteraciones provienen de problemas en la función de la propia tiroides.

El hipertiroidismo se caracteriza por un exceso de hormonas tiroideas circulantes que aceleran el metabolismo corporal. Lo más frecuente es que la producción excesiva de T4/T3 surja de una alteración en las células que forman la tiroides y que las vuelve autónomas, es decir, que no necesitan TSH para producir hormonas tiroideas y por lo tanto, pierden la regulación para detener su producción y lo hacen fuera de control. A veces puede ser una producción generalizada de la glándula, aunque en ocasiones aparecen nódulos, pequeños grupos de células que producen hormonas sin control. Las características clínicas del hipertiroidismo incluyen:

Dificultad para concentrarse

Fatiga

Deposiciones frecuentes / Diarrea no infecciosa

Bocio (tiroides visiblemente agrandada) o nódulos tiroideos (“bolitas” palpables)

Intolerancia al calor

Aumento del apetito

Aumento de la sudoración

Irregularidades en la menstruación en las mujeres

Nerviosismo

Inquietud

Pérdida de peso

Pérdida del cabello

Temblor en las manos

Latidos cardíacos irregulares, fuertes o rápidos (palpitaciones)

Piel caliente o enrojecida

Dificultad para dormir

 

En ocasiones estos síntomas se pueden acompañar de un aparente crecimiento de los ojos o cambio en su aspecto y volverse más saltones. En este caso se puede tratar de la Enfermedad de Graves, un tipo particular de hipertiroidismo.

En el caso del hipotiroidismo, las células foliculares tiroideas encargadas de producir hormonas dejan de hacerlo ya sea por efecto de algunos medicamentos, por inflamación o destrucción de distintos orígenes, e incluso por envejecimiento. Los síntomas se relacionan con falta de energía y metabolismo disminuido, de forma tal que inicialmente se puede encontrar:

Estreñimiento

Aumento de la sensibilidad al frío

Fatiga o sensación de lentitud al realizar actividades

Períodos menstruales abundantes

Dolor muscular y articular

Piel reseca y con descamación

Tristeza o depresión

Cabello o uñas quebradizas y débiles

Debilidad

Aumento de peso (involuntario)

 

Existe un caso particular de alteración tiroidea, cuando este aparece al nacimiento y se denomina Hipotiroidismo Congénito. Se trata de un grupo de alteraciones que tienen como resultado la falta de hormonas tiroideas desde los primeros días de vida y que, de no corregirse, puede tener como consecuencia retraso en el crecimiento y retraso mental grave. En otro artículo hablamos más de esta condición.

En todos los casos en los que se sospeche una alteración tiroidea por la presencia de alguno de los síntomas mencionados, se recomienda valoración por un endocrinólogo.

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